James Hudson Taylor (1832-1905), desde la edad de veintiún años fue un misionero pionero en el casi cerrado imperio de la China. Invalido regresó a Inglaterra en 1860 pero con una pasión por los millones de Chino que no conocían a Cristo al interior del país. Cuando el imperio se abrió a los occidentales, no pudo encontrar encontrar una misión dispuesta apoyarlo, así que en 1865 fundó la Misión de Interior de la China y le pidió a Dios que enviara «veinticuatro obreros dispuestos y capacitados», dos por cada provincia sin alcanzar.
Zarparon en 1866 dependiendo de su fe y sus oraciones para su sostén. Sorprendentemente para el año 1895 Taylor lideraba a 641 misioneros, más o menos la mitad de la fuerza protestante en China. Pocos hombres han sido un instrumento de tal magnitud en las manos de Dios para proclamar el evangelio a tan vasta población y para crear tantas iglesias cristianas.


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