Mucho se ha escrito sobre el ministerio pastoral, pero necesitamos adaptar continuamente nuestro ministerio pastoral al tiempo y lugar en que vivimos y desarrollamos nuestro ministerio, porque las circunstancias, las mentalidades y las perspectivas varían enormemente.
Para ello necesitamos entender nuestro entorno y diseñar un modelo pastoral adecuado para él. Mientras que las instituciones teológicas en el pasado pueden haber enseñado un modelo legalista y simplista que respondía a cierta religiosidad y cultura, nuestra sociedad actual es más compleja. Ciertas fortalezas culturales tienen nuevos paradigmas sociales, y necesitamos adaptar el cuidado pastoral a estos nuevos desafíos, al mismo tiempo que permanecemos comprometidos con las demandas de la Palabra de Dios y sus principios eternos, que no cambian.
Esto requiere una visión clara del bien y del man ante Dios a través de una exégesis equilibrada y fiel de la Palabra de Dios; una profunda vida espiritual de comunión y relación con Dios; y el coraje para defender el modelo contra aquellos que lo atacan por hábito o prejuicio.


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